13 de octubre de 2014

La importancia de una buena gestión de recursos

Leo en el periódico una noticia que me llama la atención sobre un caso en el que el trabajo se tiene que paralizar por una mala previsión de los recursos, en este caso un servidor que ha llegado al límite de su capacidad y no permite grabar más datos.

Me llama la atención la respuesta del informático que la única solución que da es “borrar datos”.
En pleno siglo XXI esta respuesta ya no es válida ya que gracias al avance que ha tenido la informática existen muchas soluciones antes que la propuesta: “borrar datos”.

Una vez más podemos encontrar respuestas válidas a este problema, que de fondo no es el hecho de que un servidor haya llegado a su máximo de capacidad, sino que denota una mala gestión tanto de planificación como de recursos.

Hay que optar una vez más por la formación del personal, tener personal cualificado en los puestos de trabajo es tan importante como una buena planificación.

Una buena Gestión de Capacidad de los recursos junto con una planificación no hubiese dado lugar a esta noticia.

Debemos dejarnos guiar por el paso hacia el futuro, utilizando todas las buenas prácticas, metodologías y planificación que tenemos a nuestro alcance.

Existen metodologías, guías de buenas prácticas; ITIL, CobIT, Lean Six Sigma y un largo etc

¡Apliquémoslas!

Tenemos que impulsar la excelencia y la profesionalidad dentro de nuestras empresas y departamentos de TI para ser siempre los mejores.

Adoptemos una mejora hacia la excelencia, hacia la “CALIDAD”, para posicionar a nuestras empresas en el puesto número 1 del ranking del mercado.

Tenemos a nuestro alcance todas las herramientas que pueden evitar este tipo de situaciones que en el siglo XXI hace que se ponga en tela de juicio el trabajo de algunos profesionales.

¡Usémoslas!

Seamos los profesionales que está demandando el mercado, los mejores, los que ahorran en costes, los que velan cada día porque todo funcione correctamente en las condiciones óptimas, los que trabajan por un presente y un futuro en la informática mejor.

Prediquemos con las mejores herramientas que tenemos a nuestro alcance, que se nos oiga de lo que estamos hablando e implantemos soluciones honrosas a este tipo de problemas.

Para que este tipo de situaciones no se vuelva a repetir y comprobaremos como la gestión de los recursos es mucho mejor, existirán planificaciones para evitar sorpresas y sobre todo ahorraremos en costes.


¡Animo a todos!

24 de septiembre de 2014

¿Schumpeter a las puertas?



Hablando –o leyendo- de economía, de vez en cuando aparece mencionado el bueno de Joseph Schumpeter, con sus teorías sobre el emprendimiento, el capitalismo, los ciclos económicos, la innovación y, sobre todo, la noción de “creación destructiva”. Sin ser ningún experto en el tema, revisando algunos de sus planteamientos, todos ellos anteriores a 1950, creo que desde luego tienen un importante grado de vigencia.

Ha habido muchos que han aplicado los conceptos avanzados por Schumpeter para explicar el nacimiento de las últimas “burbujas tecnológicas”, en particular la de las “.com” de principios de siglo. No hay más que hacer una pequeña búsqueda por Internet para ver cómo se considera que el desarrollo de las telecomunicaciones a finales de los 90, el efecto 2000 y la afluencia de grandes capitales a los mercados se combinaron para dar lugar a un ejemplo “de libro” de “creación destructiva” que generó un buen número de nuevas industrias –algunas muy saludables económicamente- mientras que otras desaparecían o quedaban muy “tocadas”. Las interpretaciones de Schumpeter, al menos haciendo uso de su concepto principal, se suelen quedar allí, y ya no lo utilizan para explicar también el pinchazo de la burbuja y la posterior recesión (ahí entra la teoría de los ciclos, pero como en este caso “no tocaba” parece que es mejor no mencionarlo).

Siendo así, podría parecer que nos encontramos a las puertas de un nuevo episodio de “creación destructiva”, al menos en lo que gira alrededor de la tecnología. Son ya muchos meses de pregón generalizado del advenimiento de la “revolución digital”, de la “tercera plataforma” y de términos similares. No está completamente definido qué se quiere decir con todo ello, pero todos más o menos hablamos de lo mismo: cloud computing, movilidad, redes sociales, impresión 3D, big data... y, si nos ponemos verdaderamente techies, podemos citar SDN, realidad aumentada, NLP, NFC o quantum computing. Por tecnologías, que no quede, desde luego.

Pero, más allá de la sopa de letras y las modas que van y vienen, ¿es verdad que unas cuantas de estas novedades pueden combinarse para crear industrias donde antes no las había y, de paso, destruir o volver casi irrelevantes otras industrias? Pues la verdad es que creo que sí:

  • La desintermediación que están causando Über, Airbnb y similares puede hacer que muchos negocios relacionados con el transporte y el turismo se vean muy afectados, mientras que otras personas le sacan partido a recursos que antes no producían nada. Ya no son sólo los taxis y los hoteles, sino, puestos a imaginar, podemos pensar en impactos para las empresas de coches de alquiler, las empresas de logística, la distribución alimenticia.
  • La impresión 3D y las redes sociales, juntitas, se pueden “cargar” un buen número de subsectores fabriles, al tiempo que permiten que algunos diseñadores prolíficos y “con vista” hagan un buen negocio vendiendo diseños, preferiblemente personalizados, de casi cualquier cosa (y en esto también pueden entrar los chefs si es que lo de “imprimirse la comida” llega a ser una realidad más allá del laboratorio);
  • Con el big data y el cloud computing funcionando a toda máquina, ¿para qué hacen falta las agencias de publicidad, las de análisis de mercado, las de análisis demoscópicos y, sobre todo, quién va a pagar las cuentas de los grandes medios de comunicación? Si se va a ser capaz por parte de todas las empresas de conocer a sus clientes mejor que sus propios familiares, no será necesario más que invertir en la relación one-to-one y todo lo demás –la publicidad como ahora la conocemos- será supérfluo...

Y todo lo anterior es quedándonos en un ámbito muy cercano a las TI y a su mundo de aplicación natural. Si metemos en el meollo los avances que se esperan alrededor de la biotecnología, diría que la probabilidad de que asistamos en relativamente poco tiempo a otra temporada de grandes cambios en nuestra sociedad es relativamente alta. Para ser sincero, no sé qué he hecho con mi bola de cristal, con lo que es muy probable que no acierte en muchas de las cosas anteriores. Sin embargo, aunque no sean ésas, apuesto porque habrá otras que seguro que no nos dejarán indiferentes.

Pero si los cambios sobrevienen a nivel de sociedad, es indiscutible que se producirán al nivel de las empresas, y por lo tanto de las TI. Dado el carácter de los “ingredientes del cambio”, de hecho, esos cambios en las empresas y en las TI no serán siempre una consecuencia sino en muchos casos una causa de dichos cambios. Eso sí, los cambios no se producen sin aumentos de inversión, aumentos de gastos, aumento real en la innovación... y eso está empezando a ocurrir. Muy despacio aún, con poco ímpetu, tímidamente (sobre todo en España), y todavía puede llegar algún evento o situación que haga descarrilar por un tiempo las cosas. Pero diría que sí, que tenemos un “Schumpeter a las puertas” y que se avecinan cambios importantes en las TI y en otros ámbitos.

21 de julio de 2014

“Digital”: Nuevas necesidades, nuevos costes para los CIOs

Quizá la palabra más de moda en el mundo de la tecnología es, últimamente, “digital”. Es una moda más, como tantas, pero es la que toca ahora. Como en muchas de las modas, no está muy claro qué es lo que significa exactamente, pero probablemente en este caso la incertidumbre sea mayor. Así, “digital” es una especie de paraguas que puede englobar big data (otro concepto cuyo alcance no está del todo claro), movilidad (otro “que tal baila”), cloud computing, colaboración mediante redes sociales, seguridad (que ya estaba, pero puestos a englobar)... Pero, independientemente de lo que cada cual entienda, lo que está claro es que todo el mundo y en especial las áreas de negocio de las empresas– “quiere ir hacia lo digital”.

Así que si las áreas de negocio se “embarcan en lo digital”, desde luego las áreas de sistemas de información tendrán que hacerlo. Dependiendo de cuál sea la comprensión o alcance que se defina en cada organización, el enfoque será uno u otro. Pero desde luego habrá que hacer nuevas cosas:
  • Proporcionar infraestructuras tecnológicas para soportar el análisis masivo de datos (desde luego las capacidades de acceso y almacenamiento de los datos, pero también probablemente hardware y software de soporte, aunque esto depende del enfoque de cloud);
  • Contar con perfiles profesionales orientados al análisis e interpretación de datos, además de poder liderar iniciativas que resulten de esos análisis;
  • Dotarse de capacidades para la incorporación de la movilidad a los procesos de negocio de las organizaciones –esto quizá debería ser lo más sencillo conceptualmente para un área de sistemas de información, pero se complica mucho en la práctica por la diversidad de plataformas móviles, la necesidad de integración con múltiples sistemas de back-office, aspectos de seguridad, etc.–;
  • Gestionar de forma completa la movilidad, no sólo al nivel de dispositivos –en nuestro país el concepto de MDM es aún incipiente–, sino también de aplicaciones, roles, etc.
  • Establecer políticas y mecanismos concretos para la incorporación del cloud computing como un recurso más del área de sistemas de información, más allá de las experiencias piloto o las “aplicaciones isla” que por el momento existen, completamente integrado tanto en los aspectos de provisión como en los de operación / explotación de la información;
  • ...
Y todo lo anterior, en gran medida, no existe en los actuales departamentos de sistemas de información. Con lo que se deberá acometer una muy necesaria inyección de recursos económicos en estos departamentos, “puestos a dieta” de estos recursos desde hace ya muchos años.


Eso sí, esa inyección se dará siempre que el negocio considere que son los “tradicionales” departamentos de sistemas los que les pueden proporcionar estas nuevas capacidades. Si no es así y otros agentes externos a los CIOs se quedan con estas nuevas responsabilidades, capacidades y roles, ya sea un nuevo CDO (Chief Digital Officer) u otro área, probablemente la “dieta” continúe y la función se estanque. Así que, aunque no se sepa muy claro a qué se refiere lo “digital”, parece que es un tren que las áreas de sistemas de información no pueden dejar de tomar.

27 de mayo de 2014

El futuro está en la calidad y en la digitalización

En la pasada Conferencia de CIO´s celebrada en Madrid, se señaló el hecho de que las TIC pueden actuar como palanca de transformación de las compañías, algo ligado a la calidad y a la productividad.  Según estudios realizados, los proyectos TIC se deben centrar en el front office ya que seguir recortando no es una solución a los problemas actuales.

En cuando a las expectativas de los CEO’s, las encuestas  dicen que éstos creen que el 2014 será mejor que el 2013. Y sus intereses y prioridades van encaminados hacia:
      • Movilidad
      • Analytics/BI
      • Cloud
      • Outsourcing
      • Seguridad

Para ellos, ahora la calidad del software es fundamental,  de hecho se remarca que los costes de la no calidad son inadmisibles, esto lleva implícito entender los costes de la no calidad. Los CEO´s apuestan claramente por la calidad ya que se quieren centrar en la mejora de los procesos de negocio.

Todos parecen estar de acuerdo, también, en que las empresas del futuro serán digitales. Esto quiere decir que la empresa ha de tener una estrategia digital, una organización digital (el líder ha de ser inspirador, ya no es válido un modelo de jerarquías) y una plataforma digital (Social, Mobile, Analytic, Cloud).

Se puede concluir que toda empresa que quiera estar en el futuro debe digitalizarse, y para ello necesita ser eficaz, tener un alto nivel de calidad y por lo tanto ser más productiva en el desarrollo de aplicaciones. Es momento de ofrecer al cliente un producto personalizado a un precio asequible, evitando caer en la comoditización, punto en el que el cliente deja de percibir esas diferencias que se convierten en ventajas competitivas.


El futuro pasa por mejorar la calidad y por subirse a la “nube” de la digitalización.

30 de abril de 2014

Coase y la reducción de costes

No es nada nuevo que las empresas están intentando reducir costes para hacer frente a una situación económica complicada. Sigue habiendo opiniones contrapuestas en cuanto a la forma de realizar los trabajos dentro de la empresa, ¿es mejor realizarlo de forma interna o por el contrario sería más rentable subcontratarlo? La respuesta ya la dio Coase hace más de 70 años con su famosa ley (denominado teorema de Coase, por el también premio Nobel de Economía, George Stigler):

Una empresa tenderá a expandirse hasta que los costes que supone organizar una transacción adicional dentro de la empresa igualen los costes que implica desempeñar esa misma función en el mercado abierto. Cuando salga más barato realizar una transacción dentro de la empresa, es recomendable. En cambio, si resulta más económico salir al mercado, no hay que intentar hacerlo de forma interna.

Hay que decir que para Coase los costes de transacción son todos aquellos asociados a la utilización del mecanismo de precios de mercado.

No ha sido el único en trabajar y desarrollar esta idea, posteriormente lo hizo Williamson. Todos llegan a una misma conclusión: no siempre es más barato subcontratar aunque a primera vista parezca más económico. Esto es debido a que hay que considerar los costes que suponen las negociaciones de contrato, establecer las responsabilidades de cada uno de los implicados, comprobar que las cosas se están realizando correctamente, etc. El conjunto de esos costes son, en ocasiones, superiores al coste del contrato mismo, por lo que realizar la actividad de forma interna es más barato.

Por lo tanto, cabe preguntarse si realmente se está analizando con detalle esos costes derivados de contratar en el mercado tareas que se podrían hacer de forma interna, con el objetivo de evaluar la opción óptima desde el punto de vista económico y práctico. Entre los gastos a considerar están los siguientes:

-          Costes de la búsqueda, no siempre es rápido, ni obvio, el proveedor que nos dará el servicio requerido. Es necesario localizar al proveedor y estudiar si es o no el idóneo.
-          Costes de contratación, se incluyen no solo los costes de la elaboración de los contratos, sino también las posibles negociaciones previas que en algunos casos es necesario realizar.
-          Costes de coordinación, costes como los derivados de las comunicaciones, gestión de procesos, de talento, marketing y distribución.

Teniendo en cuenta esto, ¿realmente estamos ahorrado dinero en cada uno de los proyectos que se están subcontratando? 

5 de abril de 2014

¿LiFi para implantar el teletrabajo?

Adaptarse a las nuevas tecnologías es cada día más complicado teniendo en cuenta la
velocidad a la que avanzan; esto se hace aún más patente en el caso de las grandes empresas, donde los cambios y movimientos son más lentos y costosos que en las pequeñas corporaciones. Lamentablemente, en algunas ocasiones el cambio se hace realidad cuando ya el mercado demanda algo nuevo.

Gracias al BYOD cada vez son más los trabajadores que consultan temas laborales fuera de la oficina, desde sus domicilios o desde lugares con WIFI gratuita, como cafeterías y/o restaurantes. Esto es un gran avance, aunque la velocidad a la que se accede a la información no siempre es óptima, siendo ésta una queja generalizada entre los usuarios. Sin embargo, puede que sus lamentos hayan finalizado puesto que desde hace un tiempo se viene oyendo que ya hay una nueva tecnología que va a sustituir a WiFi. Pero ¿será realmente así?, y si es así ¿cuál es el coste de esta  adaptación?

El LiFi, acrónimo de Light Fidelity, es una tecnología creada hace aproximadamente año y medio, que se define como la comunicación mediante luz visible. Los datos son transmitidos mediante pulsos de luz ultra-rápidos recibidos por un router óptico. Las velocidades alcanzadas han sido sorprendentes, de hecho investigadores europeos han conseguido una transmisión de datos con LiFi de 10 Gbps. Teniendo en cuenta que la velocidad media de una WiFi (que utiliza frecuencias de radio) puede ser  de alrededor de 500 Mbps, las posibilidades que abre esta nueva tecnología están aún por descubrir y explotar. Esto supondría, por ejemplo, descargarse una película en 30 segundos.

Las investigaciones realizadas hasta ahora muestran que es una tecnología más segura que la WiFi, energéticamente más eficiente y sin consecuencias para la salud, siendo el coste de conectarse a una red LiFi inferior al de conectarse a una WiFi. Además, se evitaría el problema del piggybacking, es decir, el acceso a internet sin autorización ni consentimiento del dueño del acceso, actividad que no está contemplada todavía en la legislación de algunos países, y que puede tener graves  consecuencias para el propietario de dicho acceso.

Sin embargo, esta tecnología aún es experimental y presenta algunos inconvenientes muy importantes, como por ejemplo: la existencia de objetos en el camino de la luz (ya que interrumpen la conexión), que sólo funciona en dispositivos que tengan el receptor (es necesario tener la luz encendida, aunque se puede atenuar hasta que parezca que está apagada) y que sus costes de instalación todavía son muy altos. Pero donde hay luz existe un potencial de transmisión de datos, por lo tanto ¿cuál sería el ahorro?

26 de marzo de 2014

El coste de las modas en TI

Como no podía ser menos, en este sector nuestro de las TI estamos permanentemente viendo y utilizando nuevas tecnologías. Estamos tan acostumbrados a ello que no se nos hace nada extraño todo este baile de nuevas propuestas. Pero, de hecho, estamos tan extremadamente familiarizados con la “permanente renovación” (que no dejan de ser modas, la verdad) que incluso tecnologías muy exageradas en cuanto a su planteamiento reciben nuestra atención y -de aquí el motivo para mencionarlo en este blog- recursos económicos de nuestras empresas.

Todos hemos aprendido a que, de lo que se dice de una nueva tecnología hay que creerse “la mitad de la mitad” en los primeros momentos de su lanzamiento. Incluso, para ayudarnos a navegar mejor en la incertidumbre de tanta cosa nueva a nuestro alrededor, de tanta moda, existen herramientas de los analistas más reputados que periódicamente analizan el valor de lo que realmente se nos ofrece. Quizá la más famosa de estas herramientas sea el Hype Cycle de Gartner (en la que, por cierto, nunca he entendido lo de “ciclo”, ya que realmente no es un tal ciclo), que se puede ver en http://www.gartner.com/technology/research/methodologies/hype-cycle.jsp

Pero, en cualquier caso, creo que muchas empresas tropiezan una y otra vez con la misma piedra: aunque se sepa que una tecnología está aún en un estadio preliminar, que los primeros éxitos muy publicitados están acompañados de muchos más fracasos de los que no se habla tanto, que hay que darle un tiempo razonable para que el producto evolucione a dar un valor adecuado para la inversión... se suelen tomar sólo dos caminos: o la empresa se aleja completamente hasta que todo el mundo a su alrededor lo está usando (el “camino conservador”), o se mete de lleno en ello pensando que va a ser una panacea. En mi opinión, ninguno de los dos enfoques proporcionará una ventaja competitiva a largo plazo: el primero porque se llegará tarde, y el segundo... por los costes que lleva asociados.

Desde luego, ser un early adopter de una tecnología que sea verdaderamente disruptiva, permita mejorar el posicionamiento de la empresa, aumente la productividad o lo que sea que contribuya a mejorar, es un beneficio. Pero si para ser ese early adopter se han dedicado recursos durante un tiempo considerable para conocer la tecnología, formar a personal, integrarla con el resto de la base instalada, etc., contribuyendo al esfuerzo de desarrollo de la tecnología, ¿es el retorno positivo? Incluso asumiendo que lo fuera, si la compañía tiene ese espíritu de early adopter, es muy probable que no acierte siempre en sus apuestas, y que más de una apuesta en una moda signifique una pérdida económica para la empresa.

Con todo lo anterior no estoy diciendo que no debería haber early adopters; de hecho, sin ellos, habría poco o ningún incentivo para la evolución / revolución tecnológica que hace avanzar el mundo (en este caso de las TI). Pero no se puede ser siempre un early adopter, porque entonces con seguridad seremos un fashion victim. Como casi siempre, un poco de sentido común viene muy bien en cuanto a las decisiones de inversión.

25 de marzo de 2014

Las TIC, ¿impactan en el desarrollo económico?

No pocas veces seguro que nos hemos preguntado cómo contribuyen las TIC al desarrollo económico en un determinado país, como puede ser el caso de España. Si bien conseguir medir de forma exacta esa relación y contribución de las TIC en el desarrollo económico se puede tornar, cuando menos, complicado, determinar las vías que las pueden relacionar pude resultar una tarea mucho menos ardua.

Teniendo en cuenta las características, peculiaridades y la propia esencia de las TIC, podemos pensar que una de las vías por las que las TIC pueden tener su impacto en el desarrollo económico es a través de la producción de bienes y servicios TIC en sí misma, como parte de la economía de un país.

Otra de las vías que se podrían tener en cuenta sería la utilización de las TIC en cualquier otro sector productivo ajeno al mismo. La utilización de las Tecnologías de la Información en el resto de sectores evidentemente tendrá su impacto positivo en la economía al impulsar los mismos.

También podrían afectar a la estructura productiva de un país al evolucionar significativamente la plataforma tecnológica del mismo, impulsando así la producción y pudiendo influir significativamente en la misma. A este respecto, cabe señalar el impacto que podrían tener en un país sobre el PTF o Productividad Total de los Factores (diferencia entre la tasa de crecimiento de la producción y la tasa ponderada de incremento de los factores).